Hoy hemos quedado para tomar café, he despertado con la ilusión de verte, de pasar un rato en tu compañía, de sentir otro vuelco en el corazón como la última vez que nos vimos. Ha amanecido lluvioso, frío, invernal. Salgo de casa ansiosa, sintiendo la humedad de la lluvia y agarrando con fuerza mi paraguas negro.
En un día de lluvia solo hay paraguas, la gente no se para a mirar al resto de la gente, solo miran al suelo, preocupados de no mojarse o de que sus hijos no se mojen…de camino a tu encuentro iba pensando que ese día nos ayudaría a ser invisibles.

Te ví, apoyado en la pared, con el móvil en la mano, esperándome, sonriendo y viendo cómo me acercaba, clavándome tu mirada como sueles hacer, y yo, tragué saliva y dejé volar mis mariposas del estómago…estaba temblando.

Me paré delante de tí, cerré mi paraguas negro y te dije “Hola” y tú me miraste y me dijiste “Hola preciosa”, nos abrazamos una eternidad y nos rozamos las mejillas. Tú me dijiste ¿nos vamos? y nos montamos en tu furgoneta blanca.

Lo siguiente que recuerdo es silencio en el coche, sonrisas nerviosas, tu mano en mi rodilla mientras estabas parado en un semáforo, un “Quilla qué?”…y la playa.

Estar los dos en mitad de una playa vacía, gris, nuestro mundo paralelo, los dos bajo el mismo paraguas negro.

Solo éramos dos figuras en mitad de la nada, la lluvia nos envolvía y tú no parabas de hablar contándome mil historias para no dejar un vacío que pudiera resultar incómodo para los dos…yo, callada, no dejaba de mirarte y asentir con la cabeza.

Allí, de pie, posé mi mano sobre tus labios y se hizo el silencio…
“¿Estás preparado?” te susurré,
“la verdad es que no” – me respondiste tembloroso
…y tras un silencio donde solo hablaron la lluvia, el mar y nuestras miradas, nos besamos.

Fue como saltar al vacío sin red.

Sentí que me besabas mientras me abrazabas fuerte, muy fuerte…yo solté el paraguas negro y, como dice la canción, me entregué.”


Con 18 años, una niña escribía este relato, usando otras palabras pero con la misma inquietud. Hoy lo actualizo, lo mejoro, lo decoro y le pongo el broche de oro con el cuadro que pinté hace unas semanas, que casualmente fue “La Chica del Paraguas“.

Hay historias que te persiguen durante gran parte de tu vida y, en un momento determinado, cobran sentido.