Hay veces que las decisiones se eternizan, que se da un salto a medias porque el miedo te paraliza, que el horizonte parece tan lejano que nunca ves el final. Un buen día te levantas y, simplemente, sabes lo que tienes que hacer, el estómago te duele de las ganas e ilusión por abrirte en dos y ahí estás, pintándote los morros de rojo y saliendo a la calle con la cabeza alta, ¿por qué no?

Ese día, es el principio, el día en el que decides desnudarte a la realidad 🙂

Bienvenidos.